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Mi bisabuelo Eduardo Novoa |
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Con mi Tata Margarita Novoa Roumagnac Vda. de Kelly + |
Psicoflujo / Demoflujo / Logoflujo / Metafílmica / Escritos Varios
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La persona humana, al abrirse a sí misma esta burbuja vinculatoria que es el presente o la sexta dimensión, no sólo imagina que “es”, sino que existencialmente “es”. Experimenta que su ser, a la vez que un sujeto, es un verbo que puede conjugarse en tiempo presente.
Y va más allá con su poder imaginativo: concibe el verbo “estar”, estar-aquí-y-ahora, como una movible inmovilidad del ser que es diferente del “ser aquí y ahora”. Y la percatación de esta maravillosa capacidad creadora., lo hace saberse semejante a su Creador, quien siendo, trasciende la dimensión tempo-espacial.
Dios es el que es, conjugado en eterno tiempo presente: YO SOY.
Y Dios también crea, penetra y trasciende la historia. Los seres humanos entonces, al aprender desde nuestra historia, estamos llamados a transformar nuestra adolescencia de presente, a trascender lo que media entre nuestro origen y destino, dándonos esta vocación un sentido libre y responsable, a partir del presente asimilado por el Alfa y Omega, y así “llegar a ser”: ser uno con Dios en la eternidad.
Fred Hoyle señala: “Tenemos la falsa impresión de que el sentido de las causas y efectos siempre va del pasado al futuro” [2]. Y aunque todavía no hay evidencias físicas del otro sentido, y puede parecer una “inconsistencia lógica”, según indica Hoyle, es oportuno recordar aquella frase tan antigua y tan actual de Aristóteles: “El hombre actúa a causa de un fin”.
A nivel psicológico, no hay que olvidar lo que ha dicho Maslow: “De Freud hemos aprendido que el pasado existe actualmente en la persona. Ahora debemos aprender de la teoría de la auto-realización, que el futuro también existe actualmente en la persona bajo la forma de ideales, esperanzas, deberes, tareas, planes, objetivos, potencialidades no realizadas, misión, destino, etcétera. Aquél para quien no hay futuro, se ve reducido a lo concreto, a la desesperanza, al vacío. Para aquella persona, el tiempo debe ser llenado sin fin. El esfuerzo en pro de un objetivo, usual organizador de toda actividad, cuando se pierde, deja a la persona desorganizada y sin integración” [3].
Creo que el sentido del tiempo (ya sea de pasado a futuro o a la inversa), no es sólo una cuestión que dependa del cómo la enfoquemos psíquicamente. Podemos escribir una novela policíaca del final al principio, anudando la trama. Asimismo podemos imaginar un futuro posible y construir retrospectivamente los pasos que después pueden llevarnos hacia él. Aunque reconozco que hasta en dicha construcción imaginaria, nuestro pensamiento podría orientarse de presente a futuro, dejando progresivamente nuestro plan en el pasado.
UN AVANCE DE ADELANTE A ATRÁS
En párrafos anteriores presentaba una brocha invisible que a su paso pintaba una raya blanca sobre un fondo negro. El blanco era el pasado y el futuro era el negro aún no iluminado. Esa imagen sugería que el futuro se convertía cuánticamente en pasado. El “será” que se convertía en “fue”, cuestionaba sobre el presente del ser.
Esto me hace sospechar ahora que el flujo del tiempo puede avanzar en sentido opuesto a la vida (orgánica e inorgánica). El tiempo es finito y viene del futuro al pasado hasta agotarse. La vida física, en cambio, viene desde su origen (hace quizá 15 mil millones de años), y se dirige hacia su destino final, del pasado al futuro.
¿En qué baso mi sospecha sobre la probabilidad del sentido inverso del tiempo y de la vida física?
Definitivamente no me baso en las matemáticas, sino en la intuición semiótica.
Analicemos la siguiente construcción verbal relativa a las entidades del tiempo:
- Lo futuro: Enseguida será presente y después será pasado.
- Lo presente: Primero (o antes) fue futuro y después será pasado.
- Lo pasado: Primero (o antes) fue futuro y después fue presente.
De este modo podemos observar que el sentido de causa-efecto va del futuro al pasado:
Lo anterior muestra semióticamente que:
1.- El tiempo puede avanzar de futuro a pasado, de acuerdo al orden de la causalidad.
2.- Es decir, que lo futuro puede ser causa de lo presente y lo pasado.
3.- Y así, que lo presente y lo pasado pueden ser efectos de lo futuro.
Ahora bien, las ciencias (física, química, biológica, etcétera), han demostrado que la vida avanza de pasado a futuro, que es un continuo que evoluciona a partir de su origen, y a esto no quisiera agregar nada; solamente concluir que el sentido del tiempo y de la vida física pueden avanzar en direcciones opuestas y ambos respetar el orden de la causalidad.
En cuanto al tiempo, lo pasado se hace más pasado conforme se aleja del presente. Lo futuro se hace menos futuro conforme se acerca al presente. Y aun así, el presente refleja las cargas y fuerzas del futuro y del pasado; es decir, el presente con sus contenidos de futuro y pasado, aunque aparentemente no tenga tiempo, permite la proyección cuántica de la materia vital que sólo puede existir en el presente. Este milagro sucede en esa burbuja vinculatoria que a la vez que permite la reflexión (o existencia) de la materia, separa como espada de dos filos la carne y el espíritu, y facilita la comunicación del “aquí y ahora” con el infinito.
El presente es esa puerta estrecha que nos puede conducir a una vida espiritual más plena e inclusive aproximarnos al gozo de la eternidad.
PRESENTE: TÚNEL HACIA LA ETERNIDAD
Decía que el pasado y el futuro están adheridos. Que ese punto de unión es el presente. Y que a través de él deviene el tiempo hasta llegar a su fin.
Entre el último punto del pasado y el siguiente del futuro, aparentemente no hay distancia ni tiempo. Pero esos dos puntos de pasado y futuro, al ser distintos y no ser el mismo punto, abren entre sí la realidad al presente.
Esto puede graficarse de dos modos distintos, según el enfoque espiritual y científico que se tenga. Por ejemplo, si tomamos el nacimiento de Cristo como punto de partida de la era cristiana, medida en años positivos, y a la vez, en años negativos los anteriores a Cristo, podríamos suponer que aquel punto es el “cero”.
Sin embargo, si nos resistimos a aceptar lo absoluto del cero, podemos notar que entre el -1 (del pasado) y el +1 (del futuro) hay “2” de espacio-tiempo.
Si nos preguntamos, ¿qué tanta distancia hay entre el pasado y el futuro, entre el -1 y el +1?, podríamos encontrar que hay “2”. Aun si esta cifra nos pareciera muy grande, podríamos subdividirla tantas veces que jamás llegaríamos al cero, sino que viajaríamos a través de las micro-distancias y micro-tiempos, cada vez más divisibles, hacia el infinito.
Así llegamos a que el concepto del “cero” nos liga con el infinito y no con la nada. El cero es sólo una abstracción de la nada; pero creemos que la nada no existe, sino que existe lo infinito, la eternidad.
Si optamos por este camino, vemos que desde ese punto del presente puede abrirse el túnel hacia la eternidad, una eternidad más allá del tiempo y del espacio, una eternidad que -como en los medicamentos potenciados de la homeopatía-, cada vez tiene menos materia y más potencia de energía.
Veo ahora que ese túnel del presente, ese “2” subdividido hasta el infinito, es una dimensión expandida que se nos abre para la transición, que nos permite ir logrando una potenciación gradual del tipo homeopático.
Introducirse en el presente, a través de la Sexta Dimensión es iniciar el camino de la purificación-potenciación. Es la transición del limitado amor humano que busca llegar así al Amor Verdadero. Por ello, un túnel del tiempo no lleva al futuro o al pasado. Viene del presente eterno hasta nuestro presente humano, y de éste al presente eterno. Es la vía que nos comunica en el tiempo con Dios, a partir de Cristo. Es así que la comunicación es “semilla de comunión”. Y nuestra comunión plena con El se consolida al final de los tiempos. ¿Y no será que ese final de los tiempos también puede alcanzarse a partir del umbral del presente?
Cristo, aunque habitó en el mundo en un tiempo histórico, al morir, bajó al Hades y después resucitó. Rescató a los muertos y a todos los tiempos, pasados, presentes y futuros. Por ello, si en verdad actuamos por causa de un fin, vivamos hoy por Cristo, con Él y en Él. Así nuestro presente, al asimilarse al de Cristo, ya nos anticipa la maravillosa experiencia de la Comunión eterna.
NOTAS:
[1]: Javier O.T.K., “Bimbo: historia de una empresa mexicana”,México, 1985.
[2]: HOYLE, Fred. El universo inteligente, p.246.
[3]: MASLOW. El hombre auto-realizado, pp.281-282.