viernes, 4 de noviembre de 2016

RAYITO DE QUESO

A MI TATA MARGARITA QUE EMPRENDIÓ SU VIAJE
A LA LUZ ETERNA HACE UN CUARTO DE SIGLO,
EL 12 DE OCTUBRE DE 1991, ESPERÁNDOSE A
QUE CONCLUYERA MI CUMPLEAÑOS. 

por Javier Oteka 

Mi Tata Margarita me contaba que cuando era pequeñita, su padre tuvo que esconderla junto a sus hermanos durante los días en que ocurrió la Decena Trágica en la capital de México, entre el 9 y el 18 de febrero de 1913. Era muy peligroso andar por la calle, de modo que mis bisabuelos usaron como refugio una especie de sótano en su casa. 

Mi bisabuelo
Eduardo Novoa
Mi bisabuelo era porfirista, ministro de la Suprema Corte de Justicia y tan valiente fue que no emprendió viaje a Francia junto con don Porfirio, con todo y que mi bisabuela era francesa, de Biarritz. Eso se lo dijo un general revolucionario cuando llegó a su casa a comprársela a cambio de bilimbiques que al día siguiente no valían nada. Le dijo: 

—Oiga don Eduardo, es usted todo un valiente, debió irse con el presidente. 

Pero mi bisabuelo era un patriota y enfrentó los hechos. Su valentía y enorme experiencia como abogado le sería reconocida y hasta llegaría a ser diputado. 

Mientras pasaban esos diez días y la familia estaba guarecida, mi Tata llegó a padecer hambre. Jamás olvidaré lo que me contó y sobre todo sus ojos, como si aquello estuviera viéndolo de nuevo. De pronto, sobre la mesa descubrió que había una generosa rebanada de queso. La saboreó tanto con su maravillosa imaginación, hasta que ya no pudo más y se acercó a ella, para cortarse un padacito. 

Cuál fue su sorpresa que al aproximarse, la rebanada se le desvaneció entre los dedos. Había sido sólo una ilusión óptica dibujada por el rayo de luz que se filtraba apenas por una ventana. 

Con mi Tata Margarita Novoa Roumagnac Vda. de Kelly +

lunes, 18 de octubre de 2010

Contenido de este blog

(HAZ CLIC SOBRE EL TÍTULO CUYO TEXTO QUIERAS LEER COMPLETO):


ALEGORÍAS DE «Eva» LA CIEGA Y «Adán» EL SORDOMUDO - por Javier OTK


Conclusión del Postguión publicado de la película “Alegorías de la Ciega y el Sordomudo”, dirigida por Oteka.


LA FARSA DEL SENTIDO HUMANO - por Oteka


Sinopsis de una locura cinematográfica, dramática y fársica, sinfónica y dancística.


PÁGINAS DE HOSTIA por Javier OTK


Cuento navideño dedicado a quienes quiero siempre cerca de mí y muy especialmente a mis hijas Manzana y Almendra. (24 – Diciembre - 2006).


EL ESPÍRITU EN LA CARNE — por Javier OTK


Breve ensayo que descubre el esplendor de la Belleza encarnada en el momento en que se rasga el velo del templo judío que custodiaba el acceso al Santísimo, y que coincide con el desgarramiento de la carne de Cristo y el derramamiento de su sangre, que nos abre la puerta a la íntima comunión con la Belleza de Dios. Asimismo, se presentan las diversas acepciones que da la Biblia a la palabra "carne"; y se aclaran las nociones de "encarnación", "carnalidad", "cuerpo", "alma" y "espíritu"; y la noción paulina de la conversión del hombre natural o psíquico al hombre espiritual o pneumático; procurando rescatar esta noción cristiana de su posible influencia platónica.


LA CARNE  - por Javier Sicilia - para OTK


Artículo publicado en el semanario de La Jornada el 17 de octubre de 2010. 


LA SEXTA DIMENSIÓN – Vocación responsable del presente — por Javier OTK


Ensayo publicado en la revista Istmo, núm. 207 del 1 de julio de 1993. Aborda un original y provocativo concepto acerca del tiempo y, en particular del presente, describiéndolo como una dimensión que liga el aquí y ahora del hombre con la eternidad, y la ciencia con el milagro de la vida.


LOGOFLUJO - por Javier OTK


Un Camino Profundamente Cristiano de Expresión Estética.




METAFÍLMICA DE OTEKA


BRIGITTE Y LA METAFÍLMICA - el Decálogo - Javier OTK


La relación de un maestro de Metafílmica con su joven e inquieta discípula: Brigitte, símbolo de belleza encarnada.

Decálogo COMPLETO de capítulos o cortometrajes publicado por la revista CONSPIRATIO, en sus primeros diez números, en la columna titulada “Metafílmica de Oteka”. Es una obra derivada del ensayo de novela “Brigitte y la Metafílmica”, del mismo autor, y que es el manifiesto de su estética cinematográfica.


CAPÍTULOS SEPARADOS:


(1) Cortometraje de una joven llamada Brigitte


(2) Cortometraje de un misterio que se proyecta luminoso 


(3) Cortometraje del Cruzado jugando ajedrez con la Muerte


(4) Cortometraje desde el interior de una lágrima de Dios 


(5) Cortometraje al interior de las tres Personas de un solo Dios 


(6) Cortometraje de la Belleza que salva 


(7) Cortometraje de “La Belleza es gratis”


(8) Cortometraje de “La Belleza es gratis” – parte II  


(9) Cortometraje de la cópula onírica de Brigitte 


(10) Cortometraje del éxtasis de los comulgantes 


CAPÍTULO NO ENVIADO PARA SU PUBLICACIÓN EN CONSPIRATIO POR LA DUDA DE QUE HUBIESE SIDO INSPIRADO POR EL DEMOFLUJO: 


(11) Cortometraje de la Iglesia o la Ira de Dios 


NUEVA SERIE DE METAFÍLMICA:

(12) Filme de un viaje por la CONSARKOSIS

(13) Cortometraje de la vocación de un profeta

(14) Cortometraje del oscuro mito de Caín

(15) A favor de la secularidad
 
 

domingo, 17 de octubre de 2010

ALEGORÍAS METAFÍLMICAS DE «Eva» LA CIEGA Y «Adán» EL SORDOMUDO

por Javier OTK

(Conclusión del Postguión de la película Alegorías de la Ciega y el Sordomudo”, dirigida por Oteka. El Postguión fue publicado en el 2010 por Ediciones Sergio Romántico y Oteka & Cía.):


Mas la curiosidad del hombre
se infló con tal desmesura que,
de haber sido en principio sana,
por la serpiente cayó en tentación:
El cinéfilo —como Adán— quiso conocer
si la Ciega fue o no fue violada.

Como el Sordomudo, el cinéfilo probó el fruto
de ese árbol que Yahvé prohibió a Adán.
Y el corazón del fruto al río lo lanzó.

“Del Edén salía un río
que regaba todo el jardín”. (
Gn. 2, 10).

Al caer el resto del fruto
sobre el flujo de agua,
ésta pareció alterarse,
por un instante,
profetizando con ello
el peligro que se venía:
Un carrizo en forma de flauta
apareció flotando en el río…

Y el Sordomudo quiso conocer.
Fue probado en su libertad
y se arriesgó a coger el carrizo.
—Entonces la cámara se accidentó en el río—
y la imagen del filme se congeló,
con un acercamiento de la mano y el carrizo
en una foto fija por segunda vez se congeló.

Ese carrizo era la clave, la llave
para abrir la puerta al conocimiento…
un conocimiento profundo, moral,
de naturaleza humana, para que
la Ciega y el Sordomudo,
dramáticamente, se enfrentaran
para bien o para mal.

“Entonces Yahvé hizo caer
un profundo sueño sobre el hombre,
el cual se durmió”.
(Gn. 2, 21).

Y al despertar,
el Sordomudo se percató
no sólo de la mujer
“hueso de mis huesos y
carne de mi carne”
(Gn. 2, 23),
sino, ante todo,
de que había conocido…
Se le había revelado
la clave del trauma de la Ciega.
Por eso, temiendo,
aventó lejos el carrizo
como el corazón del fruto ingerido.

Pero aquel carrizo ya tenía una misión:
caer junto al árbol del bosque,
equivalente más no semejante al del jardín,
como los dos árboles del Edén,
el del conocimiento y el de la Vida…
Árbol, también,
signo del padre ausente,
y del hombre que lo sucedía.
Y más que todo, árbol del Padre
que prometió la Vida a Adán
y que ahora el Sordomudo,
a cambio de conocimiento,
en gran riesgo la puso…

…como aquel conocimiento que
en El Séptimo Sello de Bergman,
el cruzado Antonius Block
a la Muerte exigía,
quien disfrazada de monje tras el claustro,
convertida en el propio Diablo engañaba.

Pero, ¡oh luz, oh sombra, oh diablo!,
como en el primer intento
la cópula no se pudo consumar,
el Sordomudo invitó a la Ciega
a desenterrar el carrizo…
Con éste, ella le mostró a su amado
la forma en que fue violado su cuerpo.
¿Pero una violación, al fin y al cabo,
a su cuerpo o a su psique?
¿Acaso importa?
¿No trauma igual a los ojos, y al alma,
el ver que una usurpadora, con perversidad,
del objeto del deseo se apropia?

Como diría Carl Gustav Jung,
al acuñar el “complejo de Electra”,
cuando la niña termina de madurar
para convertirse en mujer,
al fin asume su traumática derrota
y con el amor del amado comulga,
ayudándola a sanar
y a comenzar una vida nueva…

…cumpliéndose así la misión
de reconciliarse ambos hacia lo alto,
más allá del árbol absolutamente blanco
en virtud del omnisciente contraluz.

Y como afirma el Apocalipsis (22, 1-5):

Luego (uno de los siete Ángeles)
me mostró el río de agua de Vida,
brillante como el cristal,
que brotaba del trono de Dios y del Cordero.
En medio de la plaza, a una y otra margen del río,
hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces,
una vez cada mes, y sus hojas sirven
de medicina para los gentiles.
Y no habrá ya maldición alguna;
El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad
y los siervos de Dios le darán culto.
Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente.
Noche ya no habrá; no tienen necesidad de luz
de lámpara ni de luz del sol,
porque el Señor Dios los alumbrará
y por los siglos de los siglos amarán.

miércoles, 13 de octubre de 2010

LA FARSA DEL SENTIDO HUMANO - Sinopsis de una locura cinematográfica, dramática y fársica, sinfónica y dancística

por Oteka
(5-julio-1998)

SECUENCIA I

Una Imagen Creadora y
Aparentemente Aterradora del Padre

El hombre alto, fuerte, tierno, alegre, imprevisible, de cabellera canosa y larga, vestido con larga túnica blanca, juega con un niño feliz. Están en un valle verde, lleno de flores de todos los colores, con dos grandes árboles de durazno al centro del valle, y con las nubes del cielo rozando el pasto. Ambos corren y ríen con libertad.

El hombre, después de terminar de morder su durazno, lanza al niño una pelota. Él la recibe y la lanza con la mano hacia el fondo de la cúpula celeste. Al volar se convierte en una estrella de luz, hasta que llega a una posición central. Ambos observan la hazaña y se gozan.

Vuelven a lanzar, de modos distintos, diferentes objetos, hasta ver concluida la creación de la cúpula del cosmos... Las últimas pelotas que lanza el niño son la luna y el sol; las patea como un inexperto delantero de fútbol hacia direcciones opuestas.

El gran hombre lo mira sin aprobar la acción; pero finalmente le sonríe y le extiende los brazos. El niño corre hacia su padre, pero éste se desvanece mientras el niño atraviesa el aura de su padre. El niño se comienza a desesperar pues al parecer el padre ha desaparecido.

— ¿Dónde estás?, ¿acaso no apruebas mi manera de jugar fútbol?

De pronto escucha unas risas y con la mirada vuelve a encontrar a su padre. El niño enjuga sus lágrimas y corre hasta su padre. Éste lo abraza, lo carga y le dice:

— ¿Creías que te había abandonado?

— No Abá, como aún no existe hecho alguno en la historia que me incline a pensar en semejante idea de abandono, más bien quise creer que te estabas divirtiendo conmigo.

— ¡Éste es mi hijo, qué seguro me siento del amor que me profesas!

Pasa volando cerca de ellos una paloma blanca. Se posa sobre el hombro del padre. El niño exclama:

— ¡Qué felices somos los tres!

— Es verdad -afirma el padre-, aunque sería bueno que comenzáramos a compartir más esta fuente de eterna felicidad... como que a veces lo eterno me aburre un poquito.

— ¿A quién se la quieres compartir, papá? ¿No es ya suficiente con nosotros?

— Sí lo es, pero tengo tantos proyectos... ¡Imagínate que creara a muchísmas personas a mi imagen y semejanza para compartirles todo esto y completar una liga de equipos de fútbol!

— ¿Sabes?, yo que soy tu primogénito, siempre he admirado tu poder y creatividad, pero ¿por qué quieres tener más hijos?... Claro, como yo soy pésimo para el fútbol... Está bien, si ese es tu plan, yo estaré dispuesto sufrir, incluso hasta morir con tal de que seas plenamente feliz.

El padre toma a su hijo fuertemente, lo mira a los ojos, observa en su brillo un reflejo prospectivo y trágico de la historia humana, y no puede evitar que rueden algunas lágrimas por sus ojos. Lo abraza fuertemente.

Para no dejar que el llanto se apodere de su padre, el niño comienza a sonreír. Padre e hijo ríen felices y, con la paloma volando junto a ellos, se retiran hacia el fondo del valle cósmico.


SECUENCIA II
El Primer Descubrimiento
de la Naturaleza Humana

Un joven hermoso, de varonil cuerpo desnudo, se pasea por el valle-cosmos. Patea aburrido una bola de ramas y hojas secas. Se sienta y mira a los animales que se aman cerca de él.

De pronto se recuesta y suspira. Mirando a lo alto suplica:

— ¡Como que algo me falta!

Cuando está a punto de quedarse dormido, una muy joven mujer, de largos cabellos dorados-rojizos-rizados, comienza a emerger desde las aguas del lago. Abre sus enormes ojos verdes y suspicaces. Allá al fondo, descubre con la mirada al varón y sin perder mucho tiempo admirándolo, le grita:

— Hey, ven acá.

El joven la descubre y corre hacia ella. Al llegar a la orilla del lago, la belleza de la chica lo paraliza. No puede creer lo que observa.

— Vamos Adán —le dice ella—, acércate.

Titubeando, Adán le contesta:

— Es que no sé nadar.

Ella, seductoramente, saca medio cuerpo del agua y le susurra:

— No está profundo. Ven, yo te enseño.

El joven se lanza hacia ella. La toma. Se mantienen en un cálido pero corto abrazo. Se miran.... Ella le coquetea y de pronto se suelta; comienza a nadar hacia el centro del lago. El joven la mira y trata de nadar hacia ella, pero la chica es más veloz. Ella voltea para decirle:

— No temas, hazlo como yo. Verás qué fácil es.

El joven lo intenta, con trabajos llega hasta la chica. Se ríen, se abrazan, juegan, se sumergen y, con toda naturalidad comienzan a aprender a relacionar sus cuerpos.


SECUENCIA III


La Ambición Satánica de Luzbel

Todo lo creado estaba resultando perfecto; pero el Ángel de la Perfección quiso comenzar su anti-creación: la de rescatar el caos.


SECUENCIA IV

Cuando en la Cultura Humana
se Posiciona la Noción de Pecado

La chica de larga cabellera dorado-rojiza-rizada, camina desnuda hacia uno de los árboles de durazno al centro del valle-cosmos.

Mira los frutos con antojo. La voz de una serpiente, emulando el diálogo bíblico, la invita a que suba y a que pruebe. Ella mira a la serpiente y su forma la seduce. Se relaciona físicamente con ella hasta darse cuenta de lo que le hace falta.

A lo lejos está el joven. Ella lo mira a distancia, a contraluz. Admira su varonil cuerpo. Mira su pene y mira a la serpiente. Lo imagina erecto, con todo su poder, alternando su mirada hacia la persuasiva danza del reptil que lo imita.

Para seducir al varón, la chica baja del árbol. Ejecuta una danza aprovechando todo el espacio y todos sus recursos incontenibles. Se aleja y se acerca. Cuando el joven ha descubierto en sí la excitación, se acerca a la joven. Ella se acerca cada vez más al árbol.

El joven no puede ocultar que la desea fervientemente y, dentro del anaranjado contraluz del atardecer, ella lo invita, separándose y acercándose al árbol que el joven parece temer.

La chica se sube a las ramas, se convierte simbólicamente en uno de sus frutos. Su suave piel de durazno lo denota. Extiende sus brazos hacia el joven, quien se acerca.

Él la mira, admira su piel frutal en las partes más intimas de su joven cuerpo: en sus nalgas, sus muslos y su bajo vientre. Ella continúa, ahora más suavemente, con la danza erótica que la autoalimenta a la vez que la ofrece.

— Anda, ven, soy toda para ti, ¡cómeme!

El joven la toma, la arranca del árbol y se hacen suyos. Se van consumiendo a gemidos hasta agotarse el movimiento sinfónico y los jugos de su mutua pasión.

Al concluir su entrega, una luz enceguecedora los hace voltear hacia el origen de ésta, fuera de cámara. Sus rostros se empiezan a apoderar de pánico. Se miran y, avergonzándose de sus cuerpos, los cubren con ramas que recogen del piso. Sintiendo que la intensa luz los lanza de este paradisíaco lugar, se van alejando con el peso terrorífico de una culpa que jamás habían experimentado.

De espaldas entra a cuadro el hombre alto, fuerte, tierno, alegre, imprevisible, de cabellera canosa y larga, vestido con larga túnica blanca.

Alzando su brazo, dice en dirección hacia ellos:

— No se vayan, no teman. Yo sólo quería decirles que es terrible esta tragedia que me han escrito. Yo no soy del todo tal como las imágenes que habrán de plasmar algunos artistas que recibirán su paga de algunos pseudojerarcas que se colarán al Vaticano... Yo Soy El Que Soy... Los amo con todo mi Ser... Se van porque quieren... porque son libres... como yo...

Pero los jóvenes no se atreven a voltear ni a detener su trágica fuga.

El gran hombre, camina de regreso, de espaldas, y diciendo para sí, en tono de nostálgica y humorística sabiduría:

— ... sí, se van porque les he regalado la libertad... aunque podrían ser más felices si renunciaran a ese regalito... Aquí les podría dar tantos otros y mejores...


SECUENCIA V
El Padre, El Hijo y El Espíritu
Una Triple Alianza
del Más Complejo y Sublime Amor
con María: La Mujer-Humanidad

Aquí se despeja la incógnita del triple amor un Dios único con la Mujer-Humanidad.

Una mujer es elegida para ser, a la vez, Hija, Esposa y Madre del Dios Único. ¿Habíase visto antes tan compleja relación?

Detengámonos a reflexionar un momento en esa fascinante relación: Una mujer es a la vez, Hija, Esposa y Madre de Dios.

Dios la ama como Hija.
Dios la ama como Esposa.
Dios la ama como Madre.

Y todos esos amores, derramados sobre una persona humana.

Sólo se entiende este Amor, si se simboliza como el amor a la humanidad... Pero, más que un símbolo, se trata de un amor único, personal, profesado a una Mujer en particular, a una Virgen, a una mujer histórica, concreta y pura...


SECUENCIA VI
La Familia Humana de
Jesús, María, José, los Apóstoles,
los Niños, los Mártires, los Enfermos,
las Prostitutas, los Ladrones
y la Raza de toda clase de Víboras
que llevan a Jesús a la locura de la cruz

Los unos fueron hijos del Amor y los otros, a quienes los engendró la noción de culpa heredada por sus padres, el mensaje les aterró y no pudieron más que reaccionar con odio. Unos se apartaron, otros se quedaron en la Antigua Ley, otros trascendieron al Amor, algunos otros se quedaron en los dogmas y el oscurantismo, otros comprendieron y vivieron la nueva Ley del Amor. Unos morirán y los otros jamás morirán... Y todos serán rescatados por Aquel que ya pagó con el alto y loquísimo precio de tener que sufrir y morir por amor.


SECUENCIA VII
La Meta-Apocalíptica
Conversión de Luzbel
y el Gran Partido de Fútbol

El Niño ha aprendido a jugar fútbol. Comienza el partido contra Luzbel y sus huestes. Se ven y escuchan las porras de los seguidores del Niño; de cuatro jinetes que sobre sus equinos corren velozmente en torno de la cancha. Las plagas emergen del fondo del pasto y son aplastadas por los zapatos de tacos durante el partido, y hasta las bestias surgen por detrás de las paredes para emitir sus disgustadas lenguas de fuego.

El Niño se convierte en el orgullo de su Padre cuando en el partido final derrota al campeón Luzbel. Éste, con la cola entre las patas, renuncia a la dirección general de su selección y pide perdón al Padre del Niño...

Queda fuera de cuadro la reacción del Padre del Niño, pero se escucha su voz sobre el acercamiento al rostro de Luzbel:

- Todavía no hemos hablado los Tres sobre lo que vamos a hacer contigo. Por lo pronto vamos a recontratar a tus jugadores... Ya veremos después si te levantamos el castigo o te damos chance de hacer otro trabajito mediante la tentación...

Gran alegría se observa esparcida en una multitud de jugadores de fútbol que ingresan en la cancha eternamente luminosa del Valle-Cosmos...

Sin embargo, al Padre del Niño esto parece no dejarlo plenamente satisfecho.

De pronto, el Padre del Niño se voltea hacia Luzbel quien se estaba retirando de espaldas con la cabeza mirando al piso. Le grita en tono que parece de perdón:

— Hey, tú... Como que ya me estoy aburriendo. Ándale, ven acá.

Luzbel voltea y parece no poder creer la nueva oportunidad que se le presenta. Su cara se llena de alegría, se lleva a la boca una trompeta de porrista y la toca con la misma y cornuda euforia con la que suelen comenzar los partidos de una tal Selección Mexicana de Fútbol.

lunes, 11 de octubre de 2010

PÁGINAS DE HOSTIA

por Javier OTK

Un cuento navideño dedicado a
quienes quiero siempre cerca de mí
y muy especialmente a mis hijas
Manzana y Almendra

24 – Diciembre - 2006
I

Mientras que para algunos de los transeúntes aquel clima extremo era uno de tantos atributos poéticos del invierno navideño, para él, en cambio, el frío estaba endemoniado.

Un mismo hecho, como ese, podía ser sentido en forma distinta, dependiendo del abrigo. Y es que en aquella sociedad se remuneraba más a un policía que a un maestro o un escritor. Como los neoliberales que usurparon el poder, no estaban interesados en las tareas culturales, eliminaron casi por completo las partidas presupuestales que durante épocas pasadas se habían destinado al apoyo de la educación, el arte y la cultura. Y como él era simple y sencillamente un escritor, ahí estaba sentado en una de las bancas del parque, desabrigado y entumecido por el frío.

Pero lo que más le atormentaba, sin duda, eran los pensamientos que se agolpaban en su mente. Era día de Noche Buena y no tenía un centavo para comprarles un regalo de Navidad a sus dos amadas hijas.

¿Cómo era posible —pensaba— que los valores que imperaban en aquel Estado, hubiesen llegado a tal grado de trastocamiento? Para los gobernantes y su élite pseudodemocrática, el régimen de seguridad resultaba lo más importante; eso explicaba la cantidad de policías por todas partes. Pero la seguridad habían llegado a entenderla como la imposición de un orden schwarzeneggeriano, cuyo objeto era infundir terror y sometimiento a aquella sociedad, cada vez más sumisa. Y por eso era más importante que existiera un policía para darle una paliza a un ladronzuelo que huía de una panadería con una docena de bolillos, que un seguro que protegiera a esos indigentes, los curara, dotara de medicamentos para su salud y la de sus familias. Más importante un cuerpo de policías que uno de maestros que enseñaran a los niños y jóvenes…

¡Y ni qué decir respecto a un escritor!, porque para qué auspiciarlo, cuando resultaba tan peligroso estimular los sueños, los anhelos de libertad, las motivaciones y los derechos basados en la dignidad humana. Por eso eran preferibles los policías, para controlar, para impedir que la gente pensara, que actuara como persona libre.

No obstante subsistían algunos escritores, amigos de los neoliberales en el poder, unos escribanos que se alquilaban para presentar como buena aquella ideología de seguridad trastocada.

Pero como él no era amigo de aquel poder establecido por la fuerza —aunque por necesidad algunas veces había tenido que pecar al ponerse a sus órdenes—, ahí se encontraba ahora, sentado en la banquita del parque, como un honorable desempleado tiritando de frío y atormentado por no tener qué comprarles esa Navidad a dos sus amadas hijas.

II

El frío en extremo puede producir un efecto, previo al del adormecimiento, semejante al del alcohol o la droga. En ese trance se encontraba el escritor, cuya mente parecía una pantalla de cine sobre la cual se proyectaban letras y palabras que, como témpanos de hielo, formaban frases sin una clara transparencia y con dudoso sentido. Y como fondo de ese abecedario, un sentimiento de soledad y abandono. Su mente no le alcanzaba para entender ni discernir la causa de lo que sentía, pero de que lo sentía, lo sentía.

Le hacían mucha falta sus hijas y, aunque se reunía con ellas una vez cada semana o quincena, la frecuencia le parecía muy poca. ¡Cuánto las necesitaba a su lado! En medio del espantoso frío, lo calmaba un cálido recuerdo intermitente, de cuando sus hijas eran pequeñas y se pasaban a su cama todos los domingos por la mañana para que les inventara cuentos, como aquel de las niñas a quienes les disgustaba comer sanamente y a todo le hacían cara de “fuchi”, hecho por el cual se llamaban Fúchila y Guácala. Esos nombres provocaban a sus hijas carcajadas interminables de inmensa alegría.

Ahora sentía que la unión con ellas estaba en peligro. Pero más aún, experimentaba un conflicto que no atinaba a resolver. Por un lado, a toda costa quería infundir en sus hijas el valor y el hábito de la unidad; pero por otro lado, el hecho de haberse separado de su mujer, lo hacía sentir una especie de culpa por creer que con ello había dado a sus hijas ejemplo contrario a la unidad, aunque tuviera serios motivos y justificaciones para dicha separación. Y aunque no se podía dar marcha atrás, sólo pensaba cómo vencer este conflicto que enturbiaba su mente y oprimía su corazón. Acostumbrado a la congruencia en su pasado, hoy se sentía apesadumbrado ante la amenaza de que aquella necesaria separación, no siguiera repre-sentando un obstáculo para la feliz unión con sus hijas. ¡Oh sí, cuánto lo deseaba!

III

Y ahí seguía el escritor, sintiendo que pronto pasaría a formar con la banca del parque un solo bloque de hielo… y sin un centavo para comprarles un regalo de Navidad a sus dos amadas hijas.

De pronto, una pegajosa canción navideña lo hizo aterrizar. Al otro lado del parque, los altavoces exteriores de una tienda habían comenzado a sonar, al compás de las risas contagiosas de un Santa Claus que parecía muy feliz.

El escritor se sorprendió a sí mismo golpeteando con su pie derecho al ritmo de la música. Al descubrirse, hizo un esfuerzo por contenerse. Volvió a sus pensamientos tristes creyendo que no tenía motivos para alimentar la ligereza de una liviana alegría.

Pero la música lo sorprendió de nuevo. Tuvo que aceptar que era más fuerte que él. Así que decidió ya no contenerse más y permitir que la música comenzara a untarle el feliz bálsamo que tanto necesitaba.

Ya cuando el escritor meneaba la cabeza y con sus dedos golpeaba rítmicamente la superficie de la banca, se percató de que no era tan pobre como suponía. Poseía algo que, si bien no tenía valor monetario en aquellas épocas, sí resultaba valiosísimo para él. Extrajo de la bolsa interior de su vieja chamarra unas hojas de papel enrolladas. Ni más ni menos, se trataba del manuscrito del cuento más reciente que había escrito. Y como a todas sus obras, las quería casi como si fueran cuerpos humanos.

Es así que la pegajosa música navideña, empezó a hacerlo transitar de la profunda melancolía que lo hacía sentir el ser más pobre de este mundo, a la incontenible alegría de todo aquel que sorpresivamente se ha enriquecido con el premio mayor de la lotería.

Agitando su manuscrito enrollado, cual baqueta de baterista, logró saltar de su asiento y, danzando como niño sin prejuicios, se fue acercando cada vez más al Santa Claus, al punto de que ambos no paraban de bailar, con un entusiasmo tal que algunos llegaban a juzgarlos como un par de locos que la policía debería castigar y encerrar en una celda incomunicada a fin de no contagiar ese mal al resto de los autómatas que poblaban la grisácea ciudad.

Sumergido en la emoción de quien se sabe inmensamente rico, el escritor adivinó cuál sería el regalo de Navidad que esa noche daría a sus amadas hijas. En forma caprichosa fragmentaría el manuscrito de su libro y le daría una parte a cada una de ellas.

IV

Agotado regresó a su humilde morada. Hacía mucho que no bailaba tanto. Creyó que la fiebre le había subido. De debajo de su cama sacó la caja donde guardaba sus medicamentos. Ahí encontró un termómetro; a punto de ponérselo, resbaló y cayó al piso rompiéndose en pedazos, haciendo que el mercurio perdiera su unidad al desperdigarse en gotitas por todas partes.

¡Eso —pensó— es lo que está sucediendo a nuestra unidad familiar!

La imagen era tan impactante que no soportó verla durante mucho tiempo. Su significado resultaba tan contundente que de inmediato se puso de rodillas y sobre la palma de su mano volvió a integrar el mercurio en una sola gota.

¡Cuán inmensa —prosiguió pensando— es la vocación del mercurio para integrarse! Ojalá sea como la de mi libro para que, una vez fragmentado, ejerza el magnético poder que le devuelva su unidad. Porque mi libro sólo tiene sentido unitario si se logra leer completo. Por eso, si lo divido, estaré creando la necesidad de unirlo, para poderlo leer y disfrutar con cada nueva lectura. De esta forma espero convertir mi regalo en un símbolo de amor y unidad familiar.

V

Al encontrarse con sus dos hijas en la Noche Buena, y después de regalarles sus respectivas partes del libro, les contó cómo Jesús hizo algo parecido:

Dividió Su cuerpo y Su sangre, los fraccionó para que todos sus discípulos los comieran y bebieran. Y como Jesús es Uno, no puede ser dividido por más que se separe. Por eso, dicha fragmentación produce, gracias a Cristo, la unidad de Su Cuerpo, de Su Comunidad.

Queriendo seguir el ejemplo del divino Maestro que hoy festejaban, en una especie de rito ceremonial el escritor invitó a sus dos hijas a que consideraran como hostias las páginas de ese libro fragmentado, como una especie de sacramento de su comunidad familiar. Hostias que puedan comerse, mejor dicho asimilarse, cada vez que se lean las páginas como un libro completo.

Por último, pidió a sus hijas que lo perdonaran por haberles dado, sin querer, un mal ejemplo de la unidad que ahora les predicaba, con todo y que haya tenido los motivos suficientes para haber tomado la decisión de separarse de su madre.

El escritor les comentó que en el nuevo Estado neoliberal en el que les tocó vivir, la diferencia pragmática entre un policía y un escritor es que el primero es una especie ángel custodio y, el segundo, el escritor, es un demonio o, por lo menos, un cáncer que hay que amputarle a la sociedad. Pero, a nivel del alma, el estado del escritor es distinto, pues su anhelo humano lo hace emerger de su condición de simple pecador al consagrarse a la búsqueda de la verdad, el amor y el perdón.

El escritor, entonces, guardó silencio y se quedó mirando con apacible ternura a sus hijas. Ellas no resistieron más, se acercaron a él y prolongaron su abrazo toda una eternidad.

sábado, 9 de octubre de 2010

EL ESPÍRITU EN LA CARNE

por Javier OTK

Las palabras “basar” en hebreo, “sarx” en griego y “caro” en latín, son traducidas al español con la palabra “carne”; y como ella, son muy pocas las que tienen tantas acepciones, sobre todo en el contexto de la Biblia.

Para que la encarnación fuera aceptada como una doctrina, la iglesia primitiva libró profundos enfrentamientos contra teorías heréticas. El primer Concilio de Nicea (325) fundamentó la divinidad de Cristo contra el Arrianismo que propagó la idea de que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. El Concilio de Constantinopla (381) preservó la plena humanidad de Cristo encarnado contra el Apolinarismo (“Mirad mis manos y mis pies, soy Yo mismo; palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que Yo tengo” (Lc. 24, 39). El Concilio de Éfeso (431) defendió la unidad de la persona de Cristo contra el Nestorianismo que afirmaba que las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana, estaban tan separadas entre sí que no había contacto alguno entre ellas; en otras palabras, que en Jesucristo coexistían dos personas, una divina y otra humana. El Concilio de Calcedonia (451) definió las dos naturalezas de Cristo, divina y humana, contra el Eutiquianismo que sostenía que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana…

“Y la Palabra se hizo carne…”, había escrito Juan (1, 14) para afirmar que Dios se hizo hombre; que en la persona del Hijo, persona divina, espiritual, adoptó también la naturaleza humana, con su alma y su corporeidad, su inteligencia y su voluntad, su corazón y sus sentimientos, su fragilidad, sus necesidades, sus limitaciones; excepto el pecado.

“En efecto, es realmente grande el misterio que veneramos: Él se manifestó en la carne, fue justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, proclamado a los paganos, creído en el mundo y elevado a la gloria” (I Timoteo 3, 16).

El artículo de Aciprensa [1] sobre “encarnación”, aclara:

“La Encarnación es el misterio y el dogma de la Palabra hecha carne. En este sentido técnico la palabra encarnación se adoptó, durante el Siglo XIII, procedente del latín incarnatio. Los Padres latinos, desde el Siglo IV, hacen uso común de la palabra; así San Jerónimo, San Ambrosio, San Hilario, etc. El latín incarnatio (caro, carne) corresponde al griego sarkosis o ensarkosis, palabras que se basan en Juan (1, 14) kai ho Logos sarx egeneto, “Y el Verbo se hizo carne”. Estos dos términos fueron usados por los Padres griegos desde la época de San Ireneo – esto es, según Harnack, los años 181-189 (cf. Iren., “Adv. Haer.” III, 19, n.i.; Migne, VII, 939). El verbo sarkousthai, hacerse carne, aparece en el credo del Concilio de Nicea (cf. Denzinger, “Enchiridion”, n.86). En el lenguaje de la Sagrada Escritura, carne significa, por sinécdoque, naturaleza humana u hombre (cf. Lucas, 3, 6; Rom., 3, 20).

El teólogo Francisco Suárez [1548-1617] (cf. “De Incarnatione”, Praef. n.5), cree que la elección de la palabra encarnación ha sido muy adecuada. El hombre es llamado carne para enfatizar la parte más débil de su naturaleza. Cuando se dice que el Verbo se ha encarnado, se ha hecho carne, la bondad divina está mejor expresada por cuanto Dios «se despojó de Sí mismo... y apareció en su porte (schemati) como hombre (Filip., 2, 7); tomó sobre Sí mismo no sólo la naturaleza de hombre, una naturaleza capaz de sufrimiento y enfermedad y muerte, se hizo hombre en todo excepto sólo en el pecado. Los Padres entonces y ahora utilizan la palabra «henanthropesis», el acto de convertirse en hombre, al que corresponde el término «inhumanatio», usado por algunos Padres latinos, y «Menschwerdung», corriente en alemán. El misterio de la Encarnación se expresa en la Escritura por otros términos: «epilepsis», el acto de asumir una naturaleza (Heb. 2, 14); «epiphaneia», aparición (II Tim. 1,10); «phanerosis hen sarki», manifestación en la carne (I Tim. 3, 16); «somatos katartismos», la adaptación a un cuerpo, que algunos Padres latinos llaman «incorporatio» (Heb. 10, 5); «kenosis», el acto de despojarse de sí mismo (Filip. 2, 7)”.
Si bien el Verbo asumió la naturaleza humana excepto por el pecado —porque siendo una de las tres personas divinas no está alejada del Dios único—, el hombre, en cambió, sí se alejó de Dios, prefirió adorar a sus propios ídolos, construir sus propias ciencias y seguir sus propios criterios; pero con fatales consecuencias. Aquel pueblo judío de dura cerviz, por la misericordia de Dios recibó toda una serie de enseñanzas, leyes de conducta y normas de un culto para religarse con Él y, a través de sus profetas, el pueblo elegido fue otra vez destinatario de nuevas promesas y condiciones.

“Les daré un corazón nuevo y pondré en su interior un espíritu nuevo. Quitaré de su carne su corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Así caminarán según mis mandamientos, observarán mis leyes y las pondrán en práctica; entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios. Pero a los que tienen su corazón apegado a sus inmundicias y a sus horrores, les costará cara su conducta, palabra de Yahvéh” (Ezequiel 11, 19-21).

A lo largo de la historia de esa antigua alianza, cuyo primer signo fue el arcoiris, la pedagogía de Dios fue preparando a su pueblo para acercársele y que le ofrecieran culto, aunque a través de toda una serie de leyes e intermediaciones.

“La religión de la Ley contiene una sombra de los bienes por venir, pero no la verdadera figura de las cosas. Por eso no puede llevar a la perfección mediante los sacrificios a los que vuelven a ofrecerlos año tras año”
(Hebreos 10, 1).

El holocausto era un sacrificio de ofrenda. En Levítico 6, 17-20 se cuenta cómo la víctima del animal era ofrecida por el pecado y sacrificada en el altar, para después consumirla totalmente y así entrar en común-unión con el Dios de Israel.

Para el hebreo y en la mentalidad semita, si se quiere establecer una comunión con el espíritu, es necesario entrar en comunión con la carne.

Sólo el sumo sacerdote, una vez al año, podía entrar hasta el lugar más sagrado del tabernáculo para ofrecer al Santísimo sacrificios de carne y de sangre animal, traspasando aquel velo del templo que más bien era una gruesa cortina que el libro del Éxodo enseña que fue confeccionada con material azul, púrpura, carmesí y fino lino torcido. Pero, en el momento en que Jesús expiró, gracias al sacrificio de su carne y de su sangre, hizo que la gruesa cortina del templo se rasgara, inaugurando así una Nueva Alianza entre Dios y su pueblo extendido más allá de la raza judía.

“Así, pues, hermanos, no podemos dudar de que entraremos en el Santuario en virtud de la sangre de Jesús; él nos abrió ese camino nuevo y vivo a través del velo (la cortina), es decir, su carne” (Hebreos 10, 19-20).

Mediante ese desgarramiento de su carne y derramamiento de su sangre, Jesús nos da acceso directo a la contemplación de la Belleza.

“El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús,desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación [epifanía] de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible…” (II Timoteo 1, 9-10).

Mientras Él permaneció tras el velo de su carne, muchos no lo reconocían, debido a su apariencia que era la de un hombre común. Por eso, aun cuando Jesús decía a los judíos “el que me ha visto, ha visto al Padre…” (Juan 14, 9), quienes no tenían fe y aún no estaban en Él, para creer le exigían milagros, ya que de momento sólo veían al hombre, a su naturaleza humana, y como decía San Agustín: “en la carne no veían resplandecer la gloria del Hijo de Dios”.

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Saulo (nombre de pila o praenomen), fue hijo de padres judíos palestinenses que emigraron a Tarso de Cilicia; por lo cual, al ser ciudadano romano, usó el nombre (cogomen) de Pablo.

Al extender el Evangelio a los gentiles, tuvo que adaptarlo a la mentalidad helenista de la época, pero instruyó a sus comunidades para que su inteligencia, sabiduría o cultura, no les impidiera aceptar el escándalo del mensaje de la Cruz. En el primer capítulo de la 1ª Carta a los Corintios, san Pablo previene a los gentiles:

"Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad? En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación. Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale”.

Pero Pablo, en su compleja tarea de adaptar el Evangelio a la mentalidad helénica, no pudo evitar que ésta procesara su mensaje bajo la influencia del dualismo platónico.

“El Platonismo —escribe Justo González— es un sistema idealista. Considera que la realidad fundamental no se encuentra en las cosas que vemos en la tierra sino en las "ideas" que se encuentran solamente en el cielo. Aquí vemos solamente las sombras imperfectas de estas ideas. Como resultado de esta distinción entre la dimensión física y la espiritual, se estableció el dualismo entre el cuerpo y el alma del ser humano”, [y la oposición maniquea de la materia contra el espíritu, como si fueran el mal contra el bien].

Los escritores bíblicos lucharon contra las herejías gnósticas del primer siglo que hacían distinciones semejantes, por ejemplo, a las del platonismo y el maniqueismo. Sin embargo, cuando uno asimila el pensamiento de Pablo en su conjunto, y lo hace dialogar con el de los Evangelistas, gracias al Espíritu Santo uno recibe la luz de la original propuesta cristiana.

Y más aún, cuando uno se alimenta con la carne y con la sangre de Cristo, mientras que para otros resulta un acto escandaloso, para uno significa la más íntima certeza de que no existe dualidad alguna en la persona de Cristo con quien uno comulga, en forma real y no simbólica:

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo” (Juan 6, 51).

“Mientras comían, Jesús tomo el pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio diciendo: Beban todos, porque esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de los pecados”.

Tomando la anterior cita de Mateo (26, 26-28), en un artículo [2] para el canal católico de televisión EWTN, Frank Morera precisa:

“Llega la Última Cena. Cena Pascual donde sorpresivamente no hay cordero puesto que Jesús va a reemplazarlo. Llegado el momento, Jesús solemnemente declara que el pan ES su cuerpo, en clara conexión con el discurso de San Juan 6. La palabra griega utilizada en el Evangelio traducida como "cuerpo" no es Sarx, como hubiera sido de esperar pues Sarx significa también cuerpo. La palabra utilizada es Soma que quiere decir en griego "cuerpo, cadáver, cuerpo muerto" que en este contexto de sacrificio, al darlo separado de su sangre (el vino) expresa claramente que Jesús está hablando y refiriéndose a Él cómo el Cordero Pascual comido en la Pascua hebrea ya muerto y no de forma alguna simbólica, y que faltó en la Ultima Cena. La misma explicación es acertada para el vino como sangre”.

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En cuanto al cuerpo, al alma y a la carne, a Pablo le interesa dejar claro el proceso de conversión, del peregrinar del hombre natural o psíquico, hacia el hombre espiritual (pneumático). Para Pablo, la carne (sarx) es el conjunto de cuerpo y alma con sus tendencias y debilidades humanas, es la naturaleza humana que está sometida al pecado y apartada de Dios. En ese estado, la psique anima, informa y guía según los pensamientos y referentes del hombre. Cuando éste sigue el llamado de Dios y muere a las obras de su carne; es decir, a su mentalidad, tendencias y conductas alejadas de la voluntad de Dios, gracias a su espíritu (pneuma que es distinto a psique), que es la ventana interior que lo comunica con Dios, nace a un hombre nuevo, espiritual (pneumático). Es así que la «sarx», en el hombre natural o psíquico es gobernada por la «psique», en tanto que en el hombre espiritual, la «psique» —que gobierna a la «sarx»—, es gobernada por el «pneuma». De este modo, la carne es purificada, regenerada y transformada por la gracia del Espíritu Santo, desde el aquí y ahora; pero la carne adquiere su plenitud en la resurrección, una carne que ya no será como antes… Pablo habla de cuerpos (cuerpos con sus almas) gloriosos…

Quienes por tristeza no han vivido EN CARNE PROPIA la experiencia de recibir, como en Pentecostés, el bautizo del Espíritu Santo, aceptando a Jesús como Señor y Salvador, y viviendo en comunión con Él, muriendo a su estado de hombres-mujeres naturales o psíquicos para ser transformados en hombres-mujeres espirituales, siguen creyendo que sólo hasta después de la muerte física, en la resurrección, “allá arriba en el cielo”, conocerán esta realidad. Y, en efecto, la plenitud de la vida eterna sólo se conocerá hasta entonces. Pero la buena noticia es que, gracias a la fe en Jesús y a la gracia del Espíritu Santo, uno puede — ¡desde aquí y ahora! — morir a su hombre-mujer viejo-a (natural o psíquico-a) y nacer a su hombre-mujer nuevo-a (espiritual). Este acontecimiento prefigura, en forma riquísima, la resurrección en este Reino de Jesucristo, o Comunidad del Amor, que ya empezó a vivirse aquí y ahora.

La conversión que arriba he descrito como “dejar de ser hombres-mujeres naturales o psíquicos para ser transformados en hombres-mujeres espirituales”, puede describirse también así: dejar de ser cuerpo y alma naturales, o carne (naturaleza humana guiada sólo por la psique); para ser carne regenerada, transformada por la comunión con Cristo y por la gracia del Espíritu Santo, que viviendo desde hoy, alcanzará su plenitud en la resurrección.

Y vivir desde aquí y ahora en la carne regenerada, transformada por la Comunión con Cristo y por la gracia del Espíritu Santo, no significa esa "santa" pureza, ni esa afectada e hipócrita piedad, ni la inútil —y a veces histriónica— mortificación del cuerpo; porque a Dios no le agradaron los holocaustos y ni los antiguos sacrificios, por lo cual Jesús mismo le ofreció su propio sacrificio sacerdotal, único y para siempre (Hebreos 10, 6-10).

La antigua ley, escrita en tablas de piedra, se convierte en una nueva ley escrita en corazones de carne: la ley del Amor. De modo que quien permanece sólo en "la carne", al margen de Dios, o en "la carnalidad", es quien se encuentra atrapado por la ignorancia o por el desamor o, en una forma más activa y demoniaca, por el odio. De ahí la importancia fundamental de la misión cristiana, de comunicar a todos la Buena Nueva.

Quienes no han vivido el acontecimiento de la conversión (metanoia), hacia la vida auténtica en Jesús, no logran comprender a fondo lo que, para los hombres y mujeres espirituales (pnemáticos), significa "vivir en la carne". Aquellos otros que no lo entienden, suelen confundirlo, o minimizarlo, o exagerarlo, o teñirlo de un color de moralina amarga. Es algo que requiere urgentemente de profundo discernimiento y reflexión, lo cual sólo resultará eficaz, como en Pentecostés, a partir de la apertura y recepción personal y amorosa del Kerigma (Hechos 2, 22-24, 36-41).

“Una vez que habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo ¿por qué sujetaros, como si aún vivierais en el mundo, a preceptos como «no tomes», «no gustes», «no toques», cosas todas destinadas a perecer con el uso y debidas a preceptos y doctrinas puramente humanos? Tales cosas tienen apariencia de sabiduría por su piedad afectada, sus mortificaciones y su rigor con el cuerpo; pero no tienen ningún valor y sólo sirven para satisfacción de la carne” (Colosenses 2, 20-23).

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Me agradaría que pudieran presentarse varias entrevistas que ilustren lo que en el mundo de hoy, significa “vivir en la carne”, desde dos perspectivas: la de hombres y mujeres naturales o psíquicos, y la de cristianos y cristianas que dejan guiar su carne por el Espíritu; entrevistas que incluyan diferentes concepciones y prácticas que se tienen desde la segunda de las perspectivas, distinguiendo algunos grupos que existen tanto en la Iglesia Católica como en otras iglesias y denominaciones protestantes. Y, en especial, me encantaría que se aborde el tema de "vivir en la carne" y su relación con la sexualidad, enfocando este vínculo como algo “escandaloso” por su provocativa originalidad y libertad cristianas.


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RECOMIENDO LEER: "Filme de un viaje por la CONSARKOSIS".

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NOTAS:
[1]:
http://ec.aciprensa.com/e/encarnacion.htm

[2]:
http://www.ewtn.com/spanish/preguntas/Eucarist%C3%ADa_apolog%C3%A9tica.htm

LA CARNE - por Javier Sicilia - para OTK

(Publicado en La Jornada el 17 de oct de 2010).

La palabra carne es sumamente agresiva a nuestro oído: evoca la muerte: el rastro, los cortes de las carnicerías, el alimento que nace del dolor y de la sangre. Evoca también en la tradición católica la corrupción: “Los enemigos del hombre –dice una antigua fórmula– son mundo, demonio y carne”, fórmula que quizá tenga su origen en la condena que san Pablo hace de ella en Col. 2, 20-23. Sin embargo, toda la tradición cristiana se articula en ella. Dios no sólo se encarna en Jesús de Nazaret –La ensarkosis, la encarnación–, sino que resucita con su carne y nos hará partícipes de esa resurrección al final de los tiempos: “Creo –dice el ‘Credo’ de los apóstoles– en la resurrección de la carne.”

Esta confusión se debe a que en español sólo existe una palabra para nombrar estas dos formas de la carne. En inglés existen dos, que las distinguen, meat y flesh; lo mismo sucede en francés con las palabras viande y chair.

En realidad, la carne, la de la encarnación y la de la resurrección, que se distingue de la de los rastros, es el contenido mismo de lo que somos. Yo, por ejemplo, como cada uno de nosotros, me percibo como carne, no como cuerpo ni como alma –distinción más platónica que cristiana. Vemos cuerpos, pero nos experimentamos y los experimentamos con nuestra carne. De allí, quizá, esa extrañeza cuando nos miramos en un espejo, nos vemos en una fotografía o escuchamos nuestra voz registrada en una grabadora: la “autoconcepción” que tenemos de nosotros no corresponde en absoluto con aquello que, mediante ciertas prótesis, nos permite mirarnos o escucharnos de manera corpórea. De allí, quizás también, ese afán, frente al espejo, por peinarnos así o vestirnos asá, por cambiar –como decimos utilizando la palabra inglesa– de look, es decir, por hacer que ése que vemos desplegarse frente a nosotros corresponda lo más posible a la percepción que cada día y a cada instante tenemos de nosotros mismos como carne.

La carne es por ello nuestra condición. Es lo que le da sentido a nuestro cuerpo y a nuestra relación con el mundo. Es nuestra conciencia de seres que se saben en su grandeza y en su finitud, una experiencia que nunca nos abandona porque está pegada a nuestra piel bajo múltiples impresiones de sufrimiento y de gozo. Un cuerpo puro, digamos, una mesa, por más cerca que se encuentre de otro cuerpo, digamos, una pared, jamás sabrá que la toca. Sólo lo sabría si, como nosotros, tuviera una carne que le da sentido y proporciones a la materia que percibe. La carne es, como alguna vez lo dije al hablar de la poética de Lanza del Vasto, la extensión de la forma del cuerpo, la extensión de su sustancia íntima o, para hablar en términos cristianos, la imagen y la semejanza del Verbo increado que se revela en la carne de Jesús; la expresión, dice Lanza del Vasto, de “ese Cuerpo Invisible (el Verbo) que más que cuerpo es la liga entre el cuerpo y el alma”, que se manifiesta en proporciones humanas, es decir, en relaciones somáticas, y que, como aparece con una extrañeza maravillosa en los relatos de la resurrección de Jesús, resucitará con un soma distinto, es decir, “transfigurado”.

Tal vez esta reflexión sea difícil de entender en un mundo cuyas prótesis tecnológicas –computadoras, celulares, espacios virtuales– nos han desencarnado al grado de crearnos una percepción desfigurada del mundo, es decir, una percepción virtual, espacial y casi anestésica de las cosas y de nosotros mismos. En todo caso, como alguna vez lo escribí en un poema intitulado “Límite”: “Esa es la dicha: / sabernos en los otros y saber de los otros […]/ no en el éter del ángel que contiene el espacio/ no en la química,/ hielo de isometrías, hélice doble,/ gema invisible del sentido,/ sino en su emanación que llega desde el fondo hasta nosotros,/ carne de dicha, fuente,/ escultura del tiempo,/ estancia de delicias,/ pasadizo de esencias,/ límite de la luz,/ bisagra de lo inmenso,/ que irradia su belleza y recoge la de otros,/ como otrora los santos/ recogían en la luz de las cosas el mensaje incesante/ que viene del silencio y perduraba en ellos/ como la persistencia de lo eterno.”

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.

viernes, 8 de octubre de 2010

LA SEXTA DIMENSIÓN - Vocación responsable del presente


por Javier OTK

“Tengo fe en el Punto donde el tiempo y el espacio convergen. Sin embargo, lo que puede esperarse del futuro depende de la germinación que logren las semillas del pasado, pues jamás han existido los mañanas sin ayer” [1]. En esta cita donde he escrito de futuro y pasado, de mañanas y ayeres, a propósito he dejado el aparente vacío del hoy, esa dimensión por la que tanto se afana el hombre, en la que tanto invierte y por la que tanto se ilusiona, a veces sin comprender que el presente es un fruto del maravilloso talento humano para mediar existencialmente entre el pasado y el futuro, y así encontrar su más profundo sentido.

Las reflexiones e intuiciones sobre el tiempo y espacio, han formado parte de mis búsquedas humanas y profesionales. Los esquemas e imágenes fijas que suelen utilizar los autores de libros científicos y filosóficos, no capturan con toda claridad lo que significa esta dimensión tempo-espacial. Pasado, presente y futuro, cuando tratan de ser representados gráficamente, resultan incompletos y a veces incoherentes, pues lo gráfico maneja sólo dos dimensiones y quizá pueda aproximarse a la representación monofacética de la tercera dimensión.

Filósofos y científicos han empleado el lenguaje verbal y escrito, así como las imágenes que pueden reproducir en sus apuntes y libros. Dichos grafismos, con todo y sus posibilidades de abstracción e interpretación, han limitado la imaginación, privándola de la dimensión tempo-espacial, circunscribiéndola a las leyes y naturaleza propias de este medio reflexivo-expresivo incompleto.

El cine, en cambio (que debiera ser la pluma y papel del filósofo y científico modernos), incorpora la dimensión tempo-espacial. Y aunque todavía está limitado a representar las tres dimensiones espaciales en dos solamente, creo que las imágenes cinematográficas en movimiento, pueden aproximarse más a la representación de éstos y muchos otros conceptos y perceptos. Los representarán todavía mejor cuando se perfeccione la holografía y podamos penetrar, ver y escuchar desde diferentes perspectivas, así como percibir la proyección de sabores, olores y sensaciones corpo-táctiles.

FUTURO QUE GERMINA EN EL PASADO

Sin embargo, consciente de que por ahora uso un lenguaje escrito, quiero imaginar al tempo-espacio, como quinta dimensión (es decir, como nueva entidad sinérgica que resulta de las cuatro dimensiones pre-einstenianas). E imaginarlo, así, desde una perspectiva de imagen cinematográfica.

Imaginemos una escena de dibujos animados, donde una brocha invisible avanza sobre una superficie negra. A su paso va pintando una raya blanca. La cámara está emplazada con un ángulo abierto para que veamos la raya blanca que la supuesta brocha va pintando, así como el negro que aún no pinta.

Si el negro aún no pintado es el futuro, y el blanco que pintó es el pasado, ¿dónde queda el presente?

Al paso de la brocha invisible, lo negro no pintado se convierte en blanco. El futuro se vuelve pasado (se nos escapa antes de poderlo escribir). No hay más que negro y blanco (como la propiedad binaria de la informática). El negro deja de serlo para ser blanco. Así, aparece en la imagen “lo que fue” y “lo que será” ( o podría ser). Ese “será” se convierte en “fue”.

El salto cuántico entre el “será” y el “fue”, por un lado me hace sospechar que la cuarta dimensión (temporal) únicamente incluye al pasado y al futuro; pero, por otro, me cuestiona: ¿dónde queda el presente? Si el “será” se convierte cuánticamente en “fue”, ¿dónde queda entonces el presente del ser, el “es”?

El “es”, el presente del ser, es una noción, una capacidad de abstracción e imaginación, una experiencia anticipatoria de lo que denomino Sexta Dimensión. El “presente del ser” es una dimensión que logra nuestra facultad humana, combinando la persistencia o retención del pasado con la expectativa del futuro, de aquello que espera que exista, de lo que existe potencialmente en su mente y, en ocasiones, también en su voluntad. Ese presente es la experiencia que se piensa, se siente y permanece viviente en la memoria de una atención retro-prospectiva.

El presente es también la experiencia que se obtiene y se retiene en virtud del continuo y vital movimiento humano de conversión del futuro que no sólo depende de la germinación que logren las semillas que de manera definitiva han sido sembradas en el pasado, sino de nuestra responsabilidad de optar por aquel futuro que queremos que germine en nuestro pasado. Muchos futuros hay en potencia, pero sólo plenifica su real potencia el futuro que se convierte en pasado.

Los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad de trascender espiritualmente la quinta dimensión tempo-espacial y, así, pensar, sentir e imaginar el presente. Hacemos tangible y ensanchamos ese punto (el presente), el cual vincula, une y separa al pasado y al futuro. Esa capacidad humana hace elástico a ese punto (¿inexistente físicamente?), lo expande y le confiere una existencia espiritual, racional y emocional. El presente, con el propósito de comunicar su más profunda identidad, aparece como una frontera que divide dos territorios de naturaleza diferente pero estrechamente unidos; frontera que, siendo más que una línea imaginaria, vocacionalmente manifiesta su propio territorio existencial.

EL SENTIDO DEL TIEMPO

El presente es también como el ”valor cero”, un redondo continente ampliamente dotado de existencia y significado por el sólo hecho de unir y separar las escalas numéricas como positivas y negativas, y que, al igual que un imán, produce atracción y repelencia, energía polar que dinamiza siguiendo las leyes universales de la armonía.

La persona humana, al abrirse a sí misma esta burbuja vinculatoria que es el presente o la sexta dimensión, no sólo imagina que “es”, sino que existencialmente “es”. Experimenta que su ser, a la vez que un sujeto, es un verbo que puede conjugarse en tiempo presente.

Y va más allá con su poder imaginativo: concibe el verbo “estar”, estar-aquí-y-ahora, como una movible inmovilidad del ser que es diferente del “ser aquí y ahora”. Y la percatación de esta maravillosa capacidad creadora., lo hace saberse semejante a su Creador, quien siendo, trasciende la dimensión tempo-espacial.

Dios es el que es, conjugado en eterno tiempo presente: YO SOY.

Y Dios también crea, penetra y trasciende la historia. Los seres humanos entonces, al aprender desde nuestra historia, estamos llamados a transformar nuestra adolescencia de presente, a trascender lo que media entre nuestro origen y destino, dándonos esta vocación un sentido libre y responsable, a partir del presente asimilado por el Alfa y Omega, y así “llegar a ser”: ser uno con Dios en la eternidad.

Fred Hoyle señala: “Tenemos la falsa impresión de que el sentido de las causas y efectos siempre va del pasado al futuro” [2]. Y aunque todavía no hay evidencias físicas del otro sentido, y puede parecer una “inconsistencia lógica”, según indica Hoyle, es oportuno recordar aquella frase tan antigua y tan actual de Aristóteles:
“El hombre actúa a causa de un fin”.

A nivel psicológico, no hay que olvidar lo que ha dicho Maslow:
“De Freud hemos aprendido que el pasado existe actualmente en la persona. Ahora debemos aprender de la teoría de la auto-realización, que el futuro también existe actualmente en la persona bajo la forma de ideales, esperanzas, deberes, tareas, planes, objetivos, potencialidades no realizadas, misión, destino, etcétera. Aquél para quien no hay futuro, se ve reducido a lo concreto, a la desesperanza, al vacío. Para aquella persona, el tiempo debe ser llenado sin fin. El esfuerzo en pro de un objetivo, usual organizador de toda actividad, cuando se pierde, deja a la persona desorganizada y sin integración” [3].

Creo que el sentido del tiempo (ya sea de pasado a futuro o a la inversa), no es sólo una cuestión que dependa del cómo la enfoquemos psíquicamente. Podemos escribir una novela policíaca del final al principio, anudando la trama. Asimismo podemos imaginar un futuro posible y construir retrospectivamente los pasos que después pueden llevarnos hacia él. Aunque reconozco que hasta en dicha construcción imaginaria, nuestro pensamiento podría orientarse de presente a futuro, dejando progresivamente nuestro plan en el pasado.

UN AVANCE DE ADELANTE A ATRÁS

En párrafos anteriores presentaba una brocha invisible que a su paso pintaba una raya blanca sobre un fondo negro. El blanco era el pasado y el futuro era el negro aún no iluminado. Esa imagen sugería que el futuro se convertía cuánticamente en pasado. El “será” que se convertía en “fue”, cuestionaba sobre el presente del ser.

Esto me hace sospechar ahora que el flujo del tiempo puede avanzar en sentido opuesto a la vida (orgánica e inorgánica). El tiempo es finito y viene del futuro al pasado hasta agotarse. La vida física, en cambio, viene desde su origen (hace quizá 15 mil millones de años), y se dirige hacia su destino final, del pasado al futuro.

¿En qué baso mi sospecha sobre la probabilidad del sentido inverso del tiempo y de la vida física?

Definitivamente no me baso en las matemáticas, sino en la intuición semiótica.

Analicemos la siguiente construcción verbal relativa a las entidades del tiempo:

- Lo futuro: Enseguida será presente y después será pasado.

- Lo presente: Primero (o antes) fue futuro y después será pasado.

- Lo pasado: Primero (o antes) fue futuro y después fue presente.

De este modo podemos observar que el sentido de causa-efecto va del futuro al pasado:


Lo anterior muestra semióticamente que:

1.- El tiempo puede avanzar de futuro a pasado, de acuerdo al orden de la causalidad.

2.- Es decir, que lo futuro puede ser causa de lo presente y lo pasado.

3.- Y así, que lo presente y lo pasado pueden ser efectos de lo futuro.

Ahora bien, las ciencias (física, química, biológica, etcétera), han demostrado que la vida avanza de pasado a futuro, que es un continuo que evoluciona a partir de su origen, y a esto no quisiera agregar nada; solamente concluir que el sentido del tiempo y de la vida física pueden avanzar en direcciones opuestas y ambos respetar el orden de la causalidad.

En cuanto al tiempo, lo pasado se hace más pasado conforme se aleja del presente. Lo futuro se hace menos futuro conforme se acerca al presente. Y aun así, el presente refleja las cargas y fuerzas del futuro y del pasado; es decir, el presente con sus contenidos de futuro y pasado, aunque aparentemente no tenga tiempo, permite la proyección cuántica de la materia vital que sólo puede existir en el presente. Este milagro sucede en esa burbuja vinculatoria que a la vez que permite la reflexión (o existencia) de la materia, separa como espada de dos filos la carne y el espíritu, y facilita la comunicación del “aquí y ahora” con el infinito.

El presente es esa puerta estrecha que nos puede conducir a una vida espiritual más plena e inclusive aproximarnos al gozo de la eternidad.

PRESENTE: TÚNEL HACIA LA ETERNIDAD

Decía que el pasado y el futuro están adheridos. Que ese punto de unión es el presente. Y que a través de él deviene el tiempo hasta llegar a su fin.

Entre el último punto del pasado y el siguiente del futuro, aparentemente no hay distancia ni tiempo. Pero esos dos puntos de pasado y futuro, al ser distintos y no ser el mismo punto, abren entre sí la realidad al presente.

Esto puede graficarse de dos modos distintos, según el enfoque espiritual y científico que se tenga. Por ejemplo, si tomamos el nacimiento de Cristo como punto de partida de la era cristiana, medida en años positivos, y a la vez, en años negativos los anteriores a Cristo, podríamos suponer que aquel punto es el “cero”.

Sin embargo, si nos resistimos a aceptar lo absoluto del cero, podemos notar que entre el -1 (del pasado) y el +1 (del futuro) hay “2” de espacio-tiempo.



Si nos preguntamos, ¿qué tanta distancia hay entre el pasado y el futuro, entre el -1 y el +1?, podríamos encontrar que hay “2”. Aun si esta cifra nos pareciera muy grande, podríamos subdividirla tantas veces que jamás llegaríamos al cero, sino que viajaríamos a través de las micro-distancias y micro-tiempos, cada vez más divisibles, hacia el infinito.

Así llegamos a que el concepto del “cero” nos liga con el infinito y no con la nada. El cero es sólo una abstracción de la nada; pero creemos que la nada no existe, sino que existe lo infinito, la eternidad.

Si optamos por este camino, vemos que desde ese punto del presente puede abrirse el túnel hacia la eternidad, una eternidad más allá del tiempo y del espacio, una eternidad que -como en los medicamentos potenciados de la homeopatía-, cada vez tiene menos materia y más potencia de energía.

Veo ahora que ese túnel del presente, ese “2” subdividido hasta el infinito, es una dimensión expandida que se nos abre para la transición, que nos permite ir logrando una potenciación gradual del tipo homeopático.

Introducirse en el presente, a través de la Sexta Dimensión es iniciar el camino de la purificación-potenciación. Es la transición del limitado amor humano que busca llegar así al Amor Verdadero. Por ello, un túnel del tiempo no lleva al futuro o al pasado. Viene del presente eterno hasta nuestro presente humano, y de éste al presente eterno. Es la vía que nos comunica en el tiempo con Dios, a partir de Cristo. Es así que la comunicación es “semilla de comunión”. Y nuestra comunión plena con El se consolida al final de los tiempos. ¿Y no será que ese final de los tiempos también puede alcanzarse a partir del umbral del presente?

Cristo, aunque habitó en el mundo en un tiempo histórico, al morir, bajó al Hades y después resucitó. Rescató a los muertos y a todos los tiempos, pasados, presentes y futuros. Por ello, si en verdad actuamos por causa de un fin, vivamos hoy por Cristo, con Él y en Él. Así nuestro presente, al asimilarse al de Cristo, ya nos anticipa la maravillosa experiencia de la Comunión eterna.




NOTAS:


[1]: Javier O.T.K., “Bimbo: historia de una empresa mexicana”,México, 1985.

[2]: HOYLE, Fred. El universo inteligente, p.246.

[3]: MASLOW. El hombre auto-realizado, pp.281-282.

jueves, 7 de octubre de 2010

LOGOFLUJO: Un Camino Profundamente Cristiano de Expresión Estética

por Javier OTK

Dedicado, con toda humildad,
a mi amigo y pastor Karol Wojtyla.

(México, 2000).

El obstáculo cultural más importante que hoy en día impide el sano desarrollo humano, sin duda es el factor de la escisión. Éste se presenta en múltiples aspectos, lugares y tiempos, entorpeciendo que se manifieste la plenitud de la persona humana, una de cuyas principales características es precisamente su unidad indivisible.

Los errores acumulados del pasado, nos han llevado a dividirnos: al pensar, al conocer, al actuar, al comprometernos. Por ejemplo, hay hombres que manifiestan un pensamiento muy católico hacia el interior de la Iglesia o cuando están en familia, pero al estar entre laicos en el mundo, se expresan y actúan como si nunca hubiesen conocido a Dios, alterando no sólo su lenguaje, sino hasta los contenidos manifiestos de su conciencia. En ellos no sólo se hace evidente la incapacidad para conciliar lo sagrado con lo secular, sino la capacidad histriónica nata que los hace actuar con máscaras, sombreros y disfraces distintos, según la ocasión y la intención. ESTÁN DIVIDIDOS.

Las razas, las culturas, las naciones, las economías y las religiones, en vez de servir a la unidad y al desarrollo humano, en muchas ocasiones se convierten en factor de división. Ahí tenemos, como ejemplos: los católicos y los protestantes de Irlanda, los norteamericanos del petróleo y los iraquíes, los norteamericanos del neoliberalismo y los cubanos del comunismo, los millones de mexicanos en la pobreza y los muy escasos multimillonarios del mismo país, la derecha y la izquierda dentro de la Iglesia Católica, los terratenientes y los indígenas de Chiapas... ESTÁN DIVIDIDOS.

Para comprender la realidad, el hombre se ha acostumbrado a “analizarla”, dividiendo su razón entre diversas ciencias que ni siquiera alcanzan a explicar con perfección la parte de verdad que les correspondería. Cada vez hay más especializaciones y en las escuelas y universidades se imparten más materias, con lo cual los hombres se van alejando de la comprensión integral. ESTÁN DIVIDIDOS.

La virtud y la capacidad humanas han sido divididas, surgiendo así la fe y la razón. Cada una ha trazado su propio campo de acción, ha defendido su pretendida autonomía y se han alejado la una de la otra. Parecería que la persona no pudiera explicarse la realidad a la luz de la fe-razón [1], como si el Espíritu de Dios no estuviera presente a cada instante en la evolución cuántica de la materia. Sus ciencias los han alejado de la verdad a estos hombres. ESTÁN DIVIDIDOS.

Ingresando al principado del conocimiento del bien y del mal, se han separado del Reino. En ese principado de luz y tinieblas, se ha enfatizado una forma de pensar melodramática y maniquea, que parece no poder salir de la trampa que le imponen los pares-contrarios. Esto ha dado origen al método antitético de pensar. Parece que los hombres no pueden escapar de esa trampa, porque sus contradicciones, como espejos de laberinto, les dificultan avanzar y encontrar la salida. ESTÁN DIVIDIDOS.


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La comunión con nuestro Dios y nuestros hermanos es nuestro destino más anhelado. Y como el factor de división es lo contrario a la comunión, se hace necesario y urgente combatirlo.

La estrategia que tendremos que aplicar para este combate, nos impone la necesidad de utilizar las mismas armas que ha desarrollado nuestro enemigo: el factor de división, cuyas principales armas son: la departamentalización del saber y el método antitético de razonar.

En su carta encíclica “Fides et Ratio” (n. 85), Juan Pablo II escribe: "… asumiendo lo que los sumos Pontífices desde algún tiempo no dejan de enseñar y el mismo Concilio Ecuménico Vaticano II ha afirmado, deseo expresar firmemente la convicción de que el hombre es capaz de llegar a una visión unitaria y orgánica del saber. Este es uno de los cometidos que el pensamiento cristiano deberá afrontar a lo largo del próximo milenio de la era cristiana. El aspecto sectorial del saber, en la medida en que comporta un acercamiento parcial a la verdad con la consiguiente fragmentación del sentido, impide la unidad interior del hombre contemporáneo. ¿Cómo podría no preocuparse la Iglesia? Este cometido sapiencial llega a sus Pastores directamente desde el Evangelio y ellos no pueden eludir el deber de llevarlo a cabo."
Para poder llegar a nuestro destino más anhelado: la Comunión, es conveniente fijarnos algunas metas intermedias. En oposición dialéctica a las principales armas que ha usado el enemigo, nuestras metas intermedias son: la sabiduría integral (semejante al holismo), y el método de razonar y expresar que bautizaremos con el nombre de Logoflujo (fluir del Logos, Sentido o Razón).

A diferencia del método antitético de pensar (oponer dos ideas para obtener otra como "justo medio" o una síntesis relativa), lo que experimentamos en el Logoflujo es un modo sináptico de fluir; es decir, las ideas se van vinculando paso a paso, con cierta lógica, o bien, en forma vertiginosa, como a grandes saltos de tipo cuántico (en los que a veces no es fácil comprender de inmediato la lógica entre las ideas conectadas sinápticamente).

Para que en verdad la Razón (o el Logos) pueda fluir, debemos aceptar la fe-razón de que el Logos siempre ha existido y se encarnó para enseñarnos amorosamente a vivir en comunión con Él. Sólo así puede fluir la razón en nosotros, permaneciendo en comunión con el Logos, lo cual nos brinda la inconmensurable garantía de ser la Verdad la que fluye a través de nosotros. (Desde luego esta Verdad, al ser mediatizada por un lenguaje que se extiende en el tiempo, no puede manifestarse en forma completa).

El requisito esencial para que pueda producirse el Logoflujo, es introducirse a La Sexta Dimensión [2]. Ahí no podemos penetrar si sólo empleamos la razón convencional; se hace preciso dejarnos inflamar previamente por la fe. Ésta es la llave que nos permite abrir la puerta de La Sexta Dimensión, a fin de que podamos gozar de la comunión con la Verdad y de la comunicación de ésta mediante el Logoflujo.
(Esta experiencia, profundamente católica y mística, es nuestra aportación al “New Age”. Creo que a este movimiento sin fronteras, no podemos ingresar sin ejercer un pensamiento crítico, capaz de discernir. Tampoco podemos mantener una actitud únicamente combativa. Los comunicadores católicos debemos entrar a la “Nueva Era”, como también entramos al mundo; pero siendo sal, siendo levadura, siendo luz, a fin de que contribuyamos a transformar las realidades temporales, a partir de inculturar un lenguaje tan atractivo y postmoderno como el de ellos).

El Logoflujo no es un “estado alterado de conciencia”, sino un movimiento voluntario de máxima expansión, comunicación y gozo de la persona humana. Es un proceso activo de apertura y de entrega al Logos, para servirle humildemente como instrumento, y sin que la humildad implique enterrar todas nuestras capacidades y potencialidades creativas, intelectuales y emocionales que hemos recibido gratuitamente del Logos, y que en gratitud las sometemos a Su servicio.

Vivir nuestro ser en La Sexta Dimensión, y emplear el método de razonar que hemos llamado Logoflujo, significa experimentar —en el aquí y ahora— un anticipo muy cercano a lo que será la comunión eterna con nuestro Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hay, sin embargo, una pequeña restricción: el Logoflujo se reserva a quienes hayan muerto y vuelto a nacer (ojo: que no he dicho “reencarnar”). Así que, si queremos experimentar el Logoflujo, pero no hemos muerto, pues hay que morir para renacer en nuestro hombre nuevo, como el grano de trigo que si no muere, no crece ni fruto da.

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Desearía aclarar que el Logoflujo es un camino de expresión religiosa y estética, que puede vivirse y aplicarse en diversas situaciones y con diferentes propósitos que, a la vez, tienen mucho en común.

1.- El Logoflujo como un camino de vida en el que la persona, a fin de permanecer –—desde aquí y ahora— en la continua comunión con el Logos, se ofrece ritualmente a Su servicio, en todos y cada uno de los momentos de su vida. De este modo, se funden la vida mística contemplativa y la operativa, en un vivir cristiano integral que destierra las escisiones y une la vida con la fe, la razón con la fe, la cultura con la fe, la vida religiosa con la vida productiva, la contemplación con el trabajo, la utopía con la realidad presente, en el marco de la construcción del Reino de Dios.

2.- El Logoflujo como un camino creativo para la concepción —que va más allá de la psíquica intuición [3]—, de ideas y realizaciones escritas, cinematográficas, musicales, plásticas, científicas.

El trabajo del cineasta, al igual que el de otros creativos, siempre y cuando vaya en pos de la BELLEZA, no es del todo gratis (aún para los que empleamos el método del Logoflujo). Es el trabajo más peligroso de todos, en virtud de que es un sacrificio de entrega que el cineasta debe realizar a corazón abierto, para poder trascender. Es, ni más ni menos, el proceso creativo que surge de la solidaridad religiosa y estética con la muerte y la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

3.- El Logoflujo como un camino para la dirección de actores, en el que el actor o actriz debe permitir que el Logos mismo, o la dirección de su influjo dramático, fluya en él o ella, interna y externamente, conduciendo todo su personaje. Guiado por el director, el actor o actriz se introduce en un proceso de tipo logoterapéutico para encontrar su sentido como personaje y como persona, haciendo del proceso histriónico un camino de exorcismo, de liberación, de reconciliación y encuentro con el Logos; proceso, cuyo primer agente y destinatario es la persona humana, tanto del actor o actriz, como del director y el público.

El Logoflujo permite al hombre volar en virtud de esas dos alas a las que se refiere Juan Pablo II: la fe y la razón (la revelación y la filosofía).

Y la revelación entendida no como un depósito acabado de contenidos, sino como la maravillosa Vida Eterna de Dios que a cada instante sigue revelándose al hombre, no sólo en el acto puro de hacer teología, sino al entrar en íntima comunión con el Logos, en oración, en amorosa sujeción a Su Verdad, la cual nos permite volar en libertad por los cielos de la creatividad.


LA POSESIÓN HISTRIÓNICA Y EL LOGOFLUJO

El logoflujo se manifiesta en el actor y en la actriz como una posesión histriónica.

Cuenta el actor Alejandro Tomassi que uno de sus maestros fue Juan José Gurrola. Lo recuerda por todos los consejos y tips que le dio a nivel actoral.  Cuenta que alguna vez le dijo que no se preocupara, que dejara que el personaje llegara a él.

Eso es, exactamente, lo que implica abrirse a la acción del logoflujo, permitir que el personaje llegue a uno, se posesione de ti, y tú dejar dócilmente que te use como instrumento de expresión.


Por supuesto, esta entrega al personaje no debe ser absoluta. El actor o la actriz debe ejercer una cierta tensión que le permita modular, dosificar, corregir, ajustar al personaje. Ese equilibrio entre la acogida del logoflujo y la aportación técnica y artística del actor o actriz al personaje, constituyen el fundamento del método actoral que promuevo como director.


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NOTAS:
[1]: Fe-razón: Palabra compuesta acuñada por el autor para dar entender una certeza que, sin poder conocerse ni comprobarse mediante métodos científicos, no obstante se cree cierta a la luz de la fe, y con ello le basta a la mente humana, sometida a su Creador, para otorgarle un nivel de certeza superior a las razones simples.

[2]: "La Sexta Dimensión", ensayo de Javier Ortiz Tirado Kelly publicado en este mismo blog; y originalmente en la revista Istmo 207 de julio-agosto de 1993.

[3]: La aclaración de las diferencias entre el Psicoflujo y el Logoflujo, las hace Oteka en su libro "Alegorías de la Ciega y el Sordomudo", que es el postguión de su película homónima, dirigida por Oteka; y co-escrita y editada por Oteka y Sergio Román Armendáriz. Esta es la aclaración publicada:

El Psicoflujo es un término que Oteka emplea para referirse al dictado que recibe de su psique, en forma consciente e inconsciente, y que él transcribe al papel o a la película, en un proceso de autodescubrimiento gradual, que manteniendo el misterio de aquello que no logra revelársele de momento y por completo, lo llena de asombro y lo eleva a niveles máximos de éxtasis creativo. Éste es el proceso que mueve a Oteka, en forma predominante, durante esta joven etapa de su vida artística y estudiantil. En términos junguianos (*), Oteka incesantemente busca a su ánima. Tal es el caso de este filme simbolista, donde la Ciega (ánima de Oteka) y el Sordomudo (ánimus del ánima de Oteka), van descubriéndose y revelándose hasta lograr la superación de los traumas y la integración en una dualidad que se complementa y se comunica con plena armonía… a semejanza de la imagen y el sonido en el cine que, de este modo, como un espejo que se refleja a sí mismo hasta el infinito, produce por él y para él un homenaje de alcance mítico al cielo y al infierno que la pantalla revela.

Años después, Oteka descubrirá el Logoflujo, proceso en el que se somete, como instrumento, al dictado del Logos, el Verbo, la Palabra que está sobre toda palabra… Oteka desarrolla ampliamente estos términos en su Metafílmica, que es su manifiesto cinematográfico.

[Oteka descubrió, a partir de las pesadillas que tenía cuando era niño, que el Demonio pretende filtrarle mensajes, aun en contra de su voluntad. A este proceso, Oteka lo ha denominado Demoflujo, con el cual ha aprendido a coexistir y, hasta donde le ha sido posible, a denunciarlo y combatirlo].

(*) (JUNG, Carl Gustav , ha ejercido influencia en Oteka por medio de las teorías acerca del Arquetipo, el Inconsciente Colectivo y los Sueños.)